Tribu de invierno: “Te cuento en Cartas”.

El arte de escribir, el tiempo, la magia y la conexión.


La magia de las cartas


Hace mucho y no tanto, cuando las computadoras, los iPads y los celus no eran tan importantes como ahora, existía y sigue existiendo una hermosa manera de comunicarnos: las cartas.

Los que vivimos en aquel tiempo sabemos muy bien todo y absolutamente todo lo que escribir una carta significaba.

Lo primero era el momento de conexión con uno mismo y con todas las emociones que aparecían en el momento previo a sentarnos a escribir: cosquilleos en la panza, alegría, risas, tristeza, llantos, euforia, vulnerabilidad, valentía, amor, odio, pasión… y muchas más.

Lo segundo era el tiempo. Había tiempo para todo y no se corría tanto…

Se elegía el papel, había muchas variedades, colores, texturas y olores, al igual que el sobre.

Había tiempo para pensar en esa persona especial a la que le íbamos a escribir.

¿Qué le queríamos decir? Borrábamos y volvíamos a escribir las veces que fuera necesario.

La carta era como una obra de arte.

Cuando finalmente quedaba lista, venía la tercer parte: caminar y caminar hasta el correo más cercano; en esa caminata aparecían muchas preguntas, algunas o casi todas sin respuesta:

¿Habré hecho bien en escribirle?
¿Fui demasiado sincera?
¿Se asustará con mi declaración?
¿Cuánto tiempo tardará en llegar?

Pero la decisión ya estaba tomada.

La carta se sellaba, se mandaba y llegaba el cuarto momento: la espera.

En aquel tiempo nada era inmediato, no sabíamos cuánto demoraría en llegar ni cuándo recibiríamos una respuesta.

La incertidumbre era parte de nuestra vida, no teníamos cómo averiguar si había llegado a destino.

Lo último era la magia, porque siempre llegaba la respuesta. Todo había valido la pena.